Cabeza de Perro: Aquellos regalos del vuelo

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Cabeza de Perro: Aquellos regalos del vuelo

por Ricardo Tello

Parapente en Paute

La mañana de este domingo dos de diciembre fue inusual en el voladero Cabeza de Perro, cantón Paute, 40 kilómetros al Este de Cuenca. Los pronósticos del clima ya anticipaban cielos despejados, prolongada exposición de sol y sobre todo, vientos ralentizados (entre 7 y 9 kilómetros por hora).

Así que todo era cuestión de esperar. Cabeza de Perro es un cerro prominente con 600 metros de desnivel y una cima roma que permite despegar en tres de las cuatro direcciones de la Rosa de los Vientos. El viento generalmente es Este – Oeste, pero cuando sopla a la inversa las térmicas se estabilizan y suben enteritas, a veces, hasta un techo de 3.500 metros sobre el nivel del mar; es decir mil trescientos metros sobre el piso de aterrizaje.

La casi nula presencia de viento y la fuerte insolación activó una actividad térmica desde las 10:30, así que las casi dos horas de espera fueron un acierto: los primeros en marcar esa gran actividad térmica fueron los tanderos cuyo interés no es precisamente sustentar, sino sustentarse. Luego salieron los más apresurados y al final estuvimos los “pescadores”.

Personalmente tenía en la mira todo lo que harían Lautaro Cabrera (Trango EN C de la UP), y Christian Noboa (Cure EN C) que se me adelantaron en despegar. Y sobre todo en cómo respondería mi equipo (Trango XC Race) con la nueva silla, la GTO Ligth, de la Woody Valley.

Lautaro salió bien y enganchó algunas más 1.5 y otras más 3.5 metros por segundo de ascendencia; mientras que Christian lo seguía de cerca luego de una remontada espectacular sobre el despegue. En el primer tramo de mi vuelo no me fue tan bien pues literalmente quedé “guindado” en la silla y girando incómodo por mi imposibilidad de meterme en el carenado súper ligero de la GTO. Me tocó iniciar una transición forzada hacia fuera del perfil para poder soltar los mandos y “enfundarme”.

Lo último que vi de Lautaro fue una arriesgada transición sobre un ramal diferente al de Cabeza de Perro, hasta un despegue alterno denominado Triángulo, mientras que Christian regresaba hacia el aterrizaje pese a que la Trango tomate y gris iba marcando todo.

Concentrado y ya un poco más cómodo dentro de mi silla de estreno, seguí el primer tramo que tomaron los dos pilotos anteriores hasta donde suponía estaría una termal sobre un roca de escalada cuya cara está hacia el Este. No gané mucho pero me permitió regresar a una térmica frente al despegue: la combinación del planeo de la Trango más una silla más ligera me permitieron llegar, enganchar y subir a 3.100 metros sobre el nivel del mar completando un pequeño triángulo que lo repetí inmediatamente. Por pura diversión.

Cuando completaba este segundo mini triángulo, Lautaro regresaba de su larguísima transición y en un acto de inspiración hizo un top landing, cargó en repollo su vela y volvió a despegar hacia el Oeste.

Para esas ya estaba sobrevolando la pista de aterrizaje intentando agarrar una térmica frente a parque lineal de Paute. Un par de sacudidas, térmica rota y me dirigí al aterrizaje.

Evaluando: Cabeza de Perro y el valle de Paute estuvieron muy generosos para un vuelo tranquilo y térmico; mi silla respondió bien aunque debo practicar el templado del carenado, y Lautaro Cabrera se llevó las palmas por un generoso, largo y alto vuelo de fin de semana.

En nuestra retinas quedaron todos los regalos: Paute diminuto a nuestros pies; ascendencias continuas y seguras; una maravillosa y única vista del mundo desde otra perspectiva, y esa agradable sensación de haber comido suficiente vuelo; haber bebido la medida justa de vuelo, y haber respirado un amplio y limpio vuelo de domingo.

Y así, hasta la próxima manga.

Buenos vientos. ¡Buenos vuelos entre semana!

 

Por |2018-12-03T19:35:02+00:00diciembre 3rd, 2018|Blog|Sin comentarios

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